Cine de Verano: Promesas del este, la violencia hecha arte

Escrito por

La siguiente reseña contiene spoilers respecto a uno de los personajes principales de ‘Promesas del este’, aunque la trama principal de la historia no se revela.

Por Cristina Ridao

Al igual que los Corleone, pero con un patriarca menos sabio y más temible, la familia Vory V Zakone de la mafia rusa opera en las sombras de un negocio legítimo en Londres -en este caso, un popular restaurante-. Mientras este peligroso clan es presentado en pantalla, una adolescente muere en un hospital tras dar a luz. Anna Khitrova (Naomi Watts) es la patrona del parto. La mujer se queda a cargo del bebé huérfano y hace lo que sea necesario para protegerlo, eso incluye indagar en la misteriosa muerte de la joven que asistió. Anna acude a su madre y a su tío, nacido en Rusia (Sinead Cusack y Jerzy Skolimowski) para traducir el inquientante diario de la chica fallecida. No obstante, antes visita un restaurante dirigido por Semyon (Armin Mueller-Stahl), el jefe de la familia de la mafia, para investigar por su cuenta. Semyon tiene un hijo llamado Vil Kirill (Vincent Cassel) y un guardaespaldas tan violento como leal, Nikolai (Viggo Mortensen). Los engranajes de la historia cambian cuando el diario de la joven, la partera y la familia del crimen se entrelazan.

Más noticias sobre Cine de veranoCine de verano: Drácula de Bram Stoker, la película de miedo por excelencia

UN DÚO BRILLANTE

Promesas del este no es la típica película de suspense, al igual que Cronenberg no es un director ordinario. Comenzando por sus producciones de terror de bajo presupuesto en los setenta, hasta los filmes que lo catapultaron hacia los puestos de altura entre los directores de renombre. Fue aquí cuando tomó la sabia decisión de fichar a Viggo, protagonista de su ‘Una historia de violencia’ en 2005. No, Mortensen no es ruso, pero no queremos caer en la crítica fácil del acento, pues clava su papel como si del mismo Semion Mogilevich (aunque este era de origen ucraniano) se tratara. Nikolai es la pieza principal del tablero y cuenta con el apoyo de Semyon. Nos recuerda a la confianza que Don Corleone practicaba a un extraño, Tom Hagen, más que a sus propios hijos, Sonny y Fredo. Aquí Semyon depende más de Nikolai que de Kirill, quien es presentado como una bala perdida que interfiere en el desarrollo normal de los negocios.

Anna (Watts) detecta que puede confiar en Nikolai, también, a pesar de que es consciente de la tendencia violenta de este. Y es que, las escenas de lucha en esta película de Cronenberg son tan habituales como las naranjas en el Padrino. ¡Pero qué secuencias ! De aplauso, de chapó, de Óscar. Y conseguido, entre otros galardones, Mortensen cosechó una nominación a mejor actor protagonista en los Premios de la Academia en 2008. En una de las mejores escenas de la historia del cine el personaje en cuestión entra en un baño turco en compañía de uno de los socios mafiosos. Ahí, Nikolai hace gala de sus 43 tatuajes, pues los miembros de la familia Vory V Zakone se caracterizan por “tener su vida plasmada en el cuerpo”. A tal fin, Mortensen tuvo que someterse a 4 horas de maquillaje diarias para poder lucir los 43 tatuajes que se pueden observar en la escena que nos atañe. Poco

VIOLENCIA HECHA ARTE

Poco después su compañero abandona el cubículo y da el aviso a dos ‘armarios empotrados’ armados, uno de ellos, con un corvo chileno (esa especie de cuchillo curvado que aparece recurrentemente en la literatura y episodios históricos de Chile). Los ruidos de los directos de derecha suenan huecos, así como el rodillazo en la tibia de uno de los gorilas. Todo ambientado por el vapor y el sorprendente y realista desnudo continuo de Mortensen. Decenas de tensos segundos marcados por el sonido del cuchillo blandiéndose y el regado de sangre culminan con la victoria de nuestro ‘anti-héroe’, la cual alcanza clavando el citado en el ojo de su segundo enemigo, ¡apabullante !

El director nacido en Toronto dijo en una entrevista que no estaba interesado en las historias de crímenes en sí mismas. "Estaba viendo 'Miami Vice' la otra noche, y me di cuenta de que no estoy interesado en la mecánica de la mafia, pero la criminalidad y la gente que vive en un estado de rebelión perpetua es muy interesante para mí", explicaba Cronenberg antes de llevar a cabo esta obra maestra. Su historia pone a sus personajes a una prueba. Pueden ser fieles a sus descripciones sociales dentro de un mundo herméticamente cerrado donde todos comparten los mismos valores y expectativas, y donde los extranjeros son, por definición, la presa. Pero, ¿qué sucede cuando se aborda su seno ? ¿Es que aún poseen sentimientos ? ¿Y qué si lo hacen ? Los actores y los personajes se fusionan y forman una realidad por encima y al margen de la historia, y el resultado es una película que nos lleva más allá de la delincuencia de Londres y de la mafia rusa y en los reinos desconcertantes de la naturaleza humana.

CRONENBERG Y LA SEXUALIDAD

Dada su aparente predilección por desviarse de la norma, no es de extrañar que las películas de David Cronenberg hayan explorado repetidamente sexualidades que se apartan de los convencionalismos. En M. Butterfly, nos contó la historia de un hombre que se enamora de un cantante de ópera que en principio fue confundido con mujer. En Crash, el viaje del personaje principal hacia su despertar sexual (por extraño o aterrador que ese camino pueda haber sido) incluyó un romance con otro hombre. En Una historia de violencia, el hijo del personaje principal está intimidado en la escuela por ser gay, lo que obligó al adolescente a sopesar su elección por las posibles represalias violentas. En Promesas del este, Cronenberg ha elegido una vez más analizar la homosexualidad, esta vez en el contexto de una patriarcal y agresivo submundo del crimen organizado. Añadió a la trama la figura de un mafioso homsexual profundamente encerrado en su rol. Una vez más, el cineasta canadiense nos da otra rica historia cinematográfica de los villanos homosexuales.