Goya 2014 nominados: Caníbal, crítica de la película de Martín Cuenca

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Caníbal, el "apetitoso" nuevo filme de Martín Cuenca opta a siete premios en la ceremonia de los Goya que se celebra este domingo 9 de febrero. Descubre la crítica de la película en melty.es.

Por Cristina Ridao.

Un sabroso tinto reserva y un buen filete de muslo de mujer. Esa es la cena preferida de Antonio de la Torre (Carlos) en Caníbal, la polémica película de Martín Cuenca que este año cuenta con ocho nominaciones a los Goya. El filme deja ver la rutina de una versión castiza de Hannibal Lecter apostado en Granada. Unas lóbregas escenas iniciales lo presentan como lo que es, un cazador y consumidor de carne humana. Pero no de cualquiera, nuestro gourmand es selectivo. Solo se lleva a la boca los ejemplares más bellos. Fuera de casa, como cualquier perturbado al uso, Carlos lleva una vida normal. Vive en una antigua y humilde casa ubicada en el célebre Paseo de los Tristes de Granada, a los pies de la majestuosa Alhambra.

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Un enclave mágico que traslada al espectador a lo más profundo de una sociedad tradicionalmente rural emboscada por el crecimiento de la vida urbana. Allí nuestro protagonista se gana la vida dando puntadas a los mejores tejidos. Carlos es sastre, de los antiguos, de hecho es el mejor de la ciudad. Su apacible y totalmente calculada vida empieza a tambalear cuando conoce a una entrometida vecina. Una chica rumana, joven y atractiva, se muda al piso de arriba. Como era de esperar, sus días estaban contados. Tras matarla y pegarse un homenaje con su carne, aparece en escena la hermana de esta. La nueva joven consigue, por primera vez, entrar en el corazón del personaje principal, ese por el que la sangre parecía no correr.

Martín Cuenca consigue salvar a su personaje de la invariabilidad del típico psicópata revistiéndolo de monotonía de una vida totalmente metódica. No se trata del relato de un asesino. No se explica su formación o metamorfosis ni los hechos que desencadenaron en su extraña adicción. En cierto modo podría decirse que es una representación moral. El protagonista descubre, a través de la dulzura de una joven desconocida lo que es el amor al prójimo, y por primera vez no pude matar. Poco a poco vamos viendo cómo se desarrolla un conflicto interno que lo aflige y angustia. De hecho, llegamos a pensar que el abyecto puede convertirse en un hombre normal. Nada más lejos de la realidad.

  • El reparto

Son muy pocos los actores nacionales que podrían alardear de haber participado en cuatro cintas en el mismo año. Este es el caso de Antonio de la Torre, que presume de haber trabajado en las últimas películas de Almodóvar, Sánchez Arévalo, Cavestany y Martín Cuenca. Diferentes trabajos con grandes y pequeños directores, comerciales y de culto, que han compuesto películas muy variadas. Tan diversas como las caras de este maestro de la interpretación. Y es que, a falta de diálogo, el malagueño borda el carácter introspectivo de su personaje en el filme. "Lo apunté a un taller de sastre durante dos meses. Y eso, al final, le da un punto muy creíble al asesino que construye, porque es un tipo que sabe usar las manos, que sabe cortar, que sabe coger un cuchillo. Para mí el primer trabajo de un actor es prepararse en lo que el personaje hace cotidianamente", contaba Martín a la revista Cinemanía.

En determinados momentos de la película, si miramos fijamente la pupila azul de de la Torre un escalofrío nos recorre la espalda. Sus ojos fríos y vacuos reflejan el temple de un asesino. Sin mencionar su habilidad con los dobladillos y los pespuntes. Por su parte la actriz rumana Olimpia Melinte ha irrumpido en el cine español a cual huracán. Aprendió español en apenas dos semanas, el mismo tiempo que tuvo para engordar nada menos que 10 kilos. Una hazaña que ha encontrado una grata recompensa : una nominación a los Premios Goya como Mejor Actriz Revelación que la sitúan como una de las caras del nuevo séptimo arte europeo a tener en cuenta. La rumana competirá con otras prometedoras actrices de nuestro cine como Belén López, María Morales o Natalia de Molina.

  • Lo mejor

El Paseo de los Tristes, los jardines de la Alhambra y Sierra Nevada. Estos tres lugares se tiñen de naranja para dar cobijo a Caníbal. Y es que, lo mejor del filme se adhiere a la ambientación y fotografía. Un halo de colores cálidos recubre estos espléndidos paisajes urbanos y rurales. Todos ellos acunados por el perturbador sonido de los tambores de la Semana Santa Granadina. Un enclave tan solo superado por el níveo de las cumbres del parque natural que rodea la ciudad. Aunque si hay algo destacable de la cinta de Martín son las interpretaciones. Antonio de la Torre y Olimpia Melinte, ambos nominados en los Goya 2014, han llevado a cabo unas precisas actuaciones que dan sentido al paisaje añejo que se nos presenta en esta cinta.

  • Lo peor

La decisión de Martín Cuenca de desprender casi por completo su historia de intriga policial nos deja un sabor agridulce. Por una parte, podría decirse que el cineasta ha plasmado notablemente la monotonía del psicópata típico del cine, a base de una vida metódica. En cierta medida ha incluido en su filme elementos míticos del cine que Hitchcok utilizó en dos de sus obras maestras : Vértigo y Psicosis. Hablamos del uso de la doble personalidad y personajes que se hacen pasar por otros. Sin embargo, la simplicidad del dialogo y lo rectilíneo de la trama hacen de este relato de ardua digestión.

  • La prensa dice…

"Manuel Martín Cuenca vuelve a sorprender con una historia de amores terminales (y nunca mejor dicho), que parte de dos intenciones tan extremas como apasionantes : una, la reflexión sobre los límites del amor a partir de la peripecia de un apocado sastre de provincias; otra, cómo hacer para que, sin abandonar nunca el punto de vista del asesino, el espectador no se limite a juzgarlo", Mirito Torreiro, Fotogramas.

"El filme resulta perturbador aunque calle más que diga, y algo exuda relacionado con aquel asfixiante cine español de provincias realizado en los 50, pero, tras un arranque violento, de los que provocan la náusea al espectador, la cinta trastabillea un tanto en su metraje intermedio (demasiado dilatada la historia de la masajista rubia) para, durante el último tramo de la misma, levantar la cabeza y resoplar con apetito", Carmen L. Lobo, La Razón.

"Al final me pregunto : ¿Qué han pretendido contarme ? Si durante el viaje hubiera disfrutado mucho, no me plantearía preguntas sobre el significado. No me he aburrido, pero sí me he sentido excesivamente distanciado de lo que les ocurre a sus personajes. Estoy esperando algo que no llega". Carlos Boyero, El País.