Hablando en serie: de buenos, de malos y de la llegada del verano

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El cambio de estación no se empieza a notar exclusivamente en la subida de temperaturas, también los grandes grupos afinan los dientes para ser merecedores de la atención de la audiencia.

Año de Eurocopa y de Juegos Olímpicos para animar una programación veraniega que normalmente se repliega en banda y, Hablando en serie, a excepción de algún serial que no interrumpe su emisión ni en fiestas, pocos son los que aguantan julio y agosto pegados al televisor en vez de estar remojando los pies en la playa. Así que entre fútbol, baloncesto y demás deportes andan el juego, con lo que más de uno podrá hacer gala de lo que para ellos resulta una 'operación biquini' en toda regla y durante todo el año. Siempre con preferidos y favoritas (pues en mi casa, por ejemplo, entre unas competiciones y otras, se ve baloncesto la mayor parte del día).

En algunos ratos, eso sí, cuando las ineludibles citas lo permiten, seguimos el rastro de 'La Embajada', aunque ya más por costumbre que otra cosa. La trama se deshincha al mismo ritmo que se crece la segunda temporada de 'Vis a vis', en la que cada giro en el guión representa una sorpresa de grandes dimensiones que la crítica premia con su aplauso. Se crece Maggie, se crece Alba, se crece Najwa, se crece Roberto y se forma una simbiosis de talento que te tiene que fascinar u horrorizar, pero es imposible que te deje indiferente. No es una de esas series que puedes ver con un ojo mientras con el otro te pones al día en Twitter, no, lo de 'Vis a vis' es un plato que se saborea con pasión: cada palabra, cada plano, cada corte.

Pero bueno, volviendo al tema del deporte, para no ponerme a hablar de la magistral lección de ficción que está dando 'Juego de Tronos' en todos los sentidos, la crítica hoy llega de la mano de los que ya empiezan a hablar de la España que podría volver a ganar la Eurocopa. ¿Por qué no? Aún recuerdo ese primer triunfo con sabor a victoria que no dejó tan buen sabor de boca como el beso de Iker a Sara, incluso ese 'triplete' (porque para todos fue un triplete) de una de las mejores selecciones de la historia (eso decían). Un título que también traían puesto de casa los laureados titanes de la NBA que perdieron en cuartos y ante Francia, lo que supuso un tremendo bajón para un público que soñaba con el triunfo del baloncesto patrio en casa. Pero las críticas no definen a un equipo, al igual que sus triunfos no se cuentan por victorias.

Las chicas de Mondelo, por ejemplo, esa brillante selección subcampeona del mundo que siembra el terror allá donde va, ayer palmó contra Nueva Zelanda en Gijón. Por poco, por muy poco, pero llevaban perdiendo todo el partido y al final los últimos segundos corrieron ante el estupor de un público que no salía de su sombro, el enfado de la capitana de ese equipo al que no le gusta perder "ni al parchis" y la alegría de unas jugadoras extranjeras que no acaban de creerse lo que acaban de hacer. Ya lo han demostrado, que son buenas y que saben hacernos soñar, así que lo que luego pase está en un segundo plano. Claro, es el lado más ingrato del deporte: que a veces parece que no tiene memoria.