Hablando en serie: de Laia, de Sancho, de una Silvia muy fina y de la campeona de la WNBA

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Volvieron a deleitarnos con el juego excelente que les empieza a valer tantas medallas como pelos tienen en la cabeza. Lo suyo es una exhibición continúa de talento, de clase y del "yo al servicio del nosotras".

He de confesar que la mayor sorpresa fue la de ver a Sancho en la pista, ¡qué felicidad! Es una de esas jugadoras de otro planeta, de las que parece un valor seguro su presencia en la cancha, aunque en este equipo, ese peso les corresponde a muchas. Ayer, en concreto, Hablando en serie, había que rendirse ante la plenitud de Silvia Domínguez, porque estuvo asombrosa. Las propias cámaras confesaron que dejó a más de uno (y de una) con la boca abierta, pues como lleva demostrando muchos años, el día que está fina el contrario tendrá mucho trabajo.

Hablando en serie: de Laia, de Sancho, de una Silvia muy fina y de la campeona de la WNBA

Luego está lo de Anna Cruz, que llega desde la cumbre como el que viene de comprar pipas. Sin rastro de cansancio ni de pesadez en su juego. Otra que es de otro planeta, como la capitana. Le decía ayer, porque siempre habla un cojo, Marta Fernández que sigue estando en plena forma a pesar de los años que lleva, a lo que contestaba Laia que sí, que de momento respondía. ¿Respondía? Menuda exhibición querida, en todos los sentidos. Qué gusto da verte jugar, hacer fácil lo imposible y hasta quejarte (porque entre tú y yo, lo de protestar tampoco se te da nada mal, Hablando en serie).

Ayer fue día de pizza, de cervezas y de baloncesto en mi casa, como cada vez que juegan las chicas. Dice el que me acompaña que menos mal que a él también le gusta el basket, pero que esto de estar en silencio aunque vayan ganando de 20 (contando que ayer casi las doblan al final) no le parece ni medio normal. Y lo cierto es que han conseguido hacernos soñar, ilusionarnos, tanto como sus homólogos masculinos con el magnánimo Pau Gasol a la cabeza. Son grandes, son estrellas, se enfrentan entre ell@s incluso haciendo historia, pero cuando luchan juntos son imparables, se vuelven casi invencibles (aunque a veces pinchen). Y encima nos hacen soñar con sus triunfos, que se convierten en los nuestros.

Decían ayer en mi casa que "yo no entiendo cómo las obligan a jugar un pre-europeo si está claro que son mejores". Yo discrepo, porque aunque sea para que arrasen, merece la pena verlas.