Homeland temporada 3: un final de corta y pega

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Sí. Los guionistas de Homeland se han atrevido a hacerlo. Pero lo han hecho deprisa, y mal. La tercera entrega de la serie se despide hasta el próximo año creando un gran revuelo, con un inesperado final, que en absoluto rinde homenaje a la irreprochable interpretación que durante tres entregas nos ha regalado el personaje más importante de la trama.

(Por Alexandra Gil)

Moraleja de melty.es : No todos los guionistas saben matar a un personaje. Este domingo se emitía en Estados Unidos el último episodio de la tercera temporada de Homeland, seguido en directo por 2.9 millones de espectadores. Finalizaba así una entrega repleta de incoherencias, en la que rara vez hemos visto el reflejo de lo que un día fue el magistral guión de Showtime. El inmejorable ritmo alcanzado por los creadores de la serie durante la segunda temporada cayó en picado al presentarnos una trama pseudoadolescente, haciendo temer al espectador un declive total del argumento que se confirmaba en los últimos veinte minutos del episodio 12.

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La ficción había logrado asegurar un equilibrio que los showrunners se han encargado de romper en pedazos en un final de corta y pega, en el que no solo se nos arrebata para siempre a la pieza clave del relato, sino que además se realiza tal atrocidad a través de escenas inservibles, falsa incertidumbre e incongruencia para-con la historia de Nicholas Brody. El viaje a Irán llegó demasiado tarde. La aventura a la que nos transportó el guionista tardó diez episodios en llegar, por lo que durante el 90% de la temporada tuvimos barra libre de sentimentalismo, un aumento del protagonismo de Dana, que además de soporífero, resultó ser totalmente discordante con el final que nos tenían preparado.

La interpretación de Damian Lewis ha sido la única columna vertebral que nos ha permitido durante una decena de episodios recordar que sí, seguíamos delante de Homeland, y no ante un guión de serie B. El nivel del final, muy acorde con el del conjunto de la temporada que se cerraba, reduce Homeland a migajas de acción y deja al espectador en un estado de incomprensión, que evoluciona hacia la decepción total en escasos minutos. Una muerte arrabalera, a juego con un inconexo giro de los acontecimientos. Nicholas Brody, protagonista de Homeland, se despide de nosotros en un escenario tan cochambroso como el pensado para el adiós a Dana en episodios anteriores. Los guionistas no supieron cabalgar entre la sensiblería y la acción 'made in Homeland', una incapacidad que hoy hace añicos el recuerdo de una serie que logró mantener en vilo a millones de espectadores. Nos quedamos sin la piedra angular de la trama. Nos quedamos sin Brody. Nos quedamos sin Homeland.