Star Wars 7: resumen y crítica de 'El despertar de la fuerza', ¿por qué no te la puedes perder?

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No como princesa que necesita ser rescatada sino como héroe de su propia historia. La capacidad de que la audiencia se identifique con los personajes siempre ha sido el sello del buen cine, doble triunfo si hablamos de una Space Opera…

El año de Star Wars cierra con broche de oro. Así de contundentes nos oponemos hoy a los grandes de la crítica nacional, veánse los análisis de Luis Martinez o Carlos Boyero, porque el episodio VII ha conseguido sorprendernos, y para bien. “No es tarea ardua contentar a un fan de la saga, a éstos les encasquetas cualquier cosa que vaya con sable láser”, podríamos encontrar en el otro plato de la balanza. Y cierto es que una bagatela que suene a John Williams –nuestros respetos para el Dios de la música en el cine- puede conquistar los corazones frikis más sensibles. De modo que, antes de entrar en materia, nos parece conveniente rescatar las palabras que Manohla Dargis, crítica del New York Times, ha dedicado al artífice de ‘El despertar de la fuerza’: “J.J. Abrams no solo ha hecho una película para los verdaderos fans, ha hecho una película para todo el mundo (o casi todo)". Nunca mejor descrito.

Despegamos de la sala oscura para aterrizar en Jakku, un planeta que quiso y nunca llegó a ser Tattooine. Allí, sedientos y enterrados en arena, sentamos las bases de nuestro viaje del héroe. Primero el malo, El Primer Orden, una junta militar inspirada en el Imperio Galáctico. Después el bueno, en este caso, con “a”, Rey. Un momento: ¿Y el feo? ¿Finn? Esto ya es cuestión de gustos…. Ahora en serio, el nuevo elenco de personajes encaja muy bien, alcanzando casi la misma química mágica del triunvirato original (Luke, Han y Leia). Ridley como Rey es un verdadero hallazgo, tan feroz en su determinación como accesible en su arco emocional. Todo un flechazo.

Atrás quedaron el Imperio y la Rebelión, pero, como bien explica la mítica apertura: “La batalla entre el bien y el mal aún continúa” entre la omnipresente Primera Orden y la escasa resistencia, liderada por Carrie Fisher, que se ha convertido en la general Leia Organa. Los ríos de tinta sobre la ausencia de Luke en los tráilers se secan. Como muchos predijeron, el supuesto último Jedi se ha exiliado en algún lugar de la galaxia después de haber perdido a uno de sus jóvenes pupilos, el villano adorador y nieto de Darth Vader, Kylo Ren. Éste y su malo malísimo máster quieren eliminar al viejo de Skywalker para radicar su reinado del mal, y su gozo en un pozo. La fatiga se deja ver en la tez de Ford, que juega un papel central a duras penas salvado por Boyega. El aspirante a Solo consigue divertirnos y sobrelleva con decencia el difícil testigo del personaje mitificado de Harrison Ford. Entre los otros recién llegados, Lupita Nyong'o encaja perfectamente como Maz Kanata. Lamentablemente hemos de reconocer que por mucho Oscar que la ampare, no es más que la sustituta naranja (y barata) de Yoda.

Ahora la de arena. Amistad, familia, valor y amor, los cuatro pilares de la trilogía original, se atisban de igual forma en El despertar de la fuerza rociados con una buena dosis de humor. Sin lugar a dudas superando con creces la bufonería caricaturesca que decepcionó en los dos primeros episodios. De hecho, el capítulo más reciente de la saga no ha tan solo refrescado el sabor amargo de la trilogía precuela, sino que es la mejor película de Star Wars desde El Imperio Contraataca. Se basa en el legado de la trilogía original, mientras que introduce de forma eficaz nuevos personajes y mundos para una nueva generación. Al fin y al cabo Star Wars, como gigante cultural e institución sagrada que es, resistiría cualquier intento de reimaginar su paisaje demasiado agresivo o en detrimento de la trilogía original, ¿no es así?